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" Crecimos escuchando esas leyendas, pero dejamos de creerlas pese a que las paredes de nuestro mundo parecían corroborarlo. Lo cierto es que pensábamos que esas historias respondían más bien a la necesidad de respuestas acerca de dónde estamos, de dónde venimos y qué hay ahí afuera. Los ordenadores marcan ya medio siglo de aislamiento subterráneo y no es de extrañar que apenas haya nadie que se pregunte por lo que hay fuera. Sencillamente este es nuestro mundo en él hemos nacido, igual que nuestros padres y abuelos, y en él moriremos. O eso pensábamos. Cuando empezaron a sonar las alarmas, pensamos en una obstrucción de los conductos de ventilación, un problema serio del sistema estanco o cualquier otro fallo del soporte vital. Pero no, los números rojos de la pantalla descuentan, después de medio siglo, las horas que quedan para que se abran las puertas." Fragmento del diario-registro de la arkeoj 32.

Abriendo regalos

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Apartó la manta dejando que la cálida humedad se tornara intensa sensación de frío seco. Aún con los ojos entrecerrados buscó a tientas, entre las perchas, el abrigo grueso de lana. Abrió el pequeño postigo de la ventana y se asomó para ver caer la nieve. En la calle, un grupo de personas esperaba ya frente a la casa del Estro para compartir el tradicional desayuno del Festo de Vintro : huevos azules, trucha con tocino salado y té de montaña con tibar o hierba amarga. El frescor de la mañana le golpeó la cara, acabando de despertarle. Abrió la puerta y notó el dulce aroma de leche con especias y el olor a leña que inundaba el salón. Encima de la mesa descansaban unos cuencos de barro junto a una bandeja de madera llena de rodajas de pan tostado con miel. Pasó por alto el humeante alimento y se dirigió al arco de la ventana donde le esperaban los regalos. Dos paquetes envueltos en vivos colores y un tercero con el tosco papel parduzco que utilizaban para envolver los encarg...

Plemis

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La noche se difumina, el cielo comienza a clarear y dos figuras esperan sobre una gigantesca roca los primeros rayos del sol. —Nunca había disfrutado tanto los amaneceres como ahora. La otra figura apenas se limitó a asentir. —Aún no me has dicho cómo lo conseguiste... En el círculo ya suponíamos lo peor. —Me lo encontré en el camino. Fue él quien me acompañó de vuelta. Los ojos se abrieron como platos y una mirada inquisitiva se perdió en la figura con la mirada anclada en el horizonte. —¿Es cierto? ¿De verdad existe? Asintió en respuesta. —¿Bueno, y cómo es? ¿Es cierto lo que cuentan? La figura abandonó el horizonte y se giró con cierta sonrisa de extrañeza. —Pues es un tipo normal. No muy distinto a cualquier viajero: trato agradable, buena charla, a veces en exceso, y siempre con una sonrisa, incluso cuando el mundo se retuerce a tu alrededor. No es un guerrero ni un protector ni un gobernador, podría ser un loco, pero ha decidido atarse demasiado a este mundo. Y sí, es...

La posada de Kirevo y Badmia

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Si buscas un buen sitio para descansar y comer en la zona oeste de La Havenoj , en el término de la Malturo , ese es sin duda la posada de Kirevo y Badmia. Si preguntas a cualquiera de los lugareños por un lugar en concreto, usará siempre la posada como punto de referencia. Pero no pienses en un gran edificio con todas las comodidades como la gigantesca ciudad-posada de Valocervo ni en las lujosas estancias de la Ripozo de Sorgio . El negocio de Kirevo y Badmia es una pequeña casa de tierra y piedra situada en lo alto de una colina en medio de la zona boscosa meridional, lindando con la frontera de las tierras de nadie. El matrimonio, oriundo de Sereixo, construyó la posada para dar de comer a la gente de la zona: leñadores, cazadores y algún comerciante que hacía negocio con el vecino clan de Gorub o con las, menos aconsejables, tierras de nadie. Pero poco a poco ha ido ganando renombre y raro es el día que no se encuentra lleno. Porque, eso sí, los dueños han mantenido e...